Daniel Hernandez organiza fiestas para ganar votos: cuando el espectáculo reemplaza las propuestas.

Por un lado tenemos un candidato como Daniel Hernandez que maneja millones en gasto de campaña, regala artefactos por doquier, material electoral por montón, aupiciado presuntamente por quienes son los principales proveedores beneficiados en la gestion de Fernando Cárdenas, de esta manera hipoteca una posible gestión de llegar a ocupar el sillón municipal, condenando a la provincia a 4 años mas de atrazos. Mientras miles de jóvenes en Huaral esperan propuestas sobre empleo, seguridad, educación y oportunidades, algunos políticos parecen convencidos de que una fiesta y un concierto pueden reemplazar el debate de ideas.

Resulta inevitable preguntarse por qué un candidato que ha pasado 8 años ocupando un cargo público necesita recurrir a espectáculos para captar la atención de los jóvenes. Si tuvo la oportunidad de demostrar capacidad de gestión desde la función pública, ¿por qué hoy su principal mensaje es una fiesta?

La juventud representa cerca del 35% del electorado y merece algo más que música, artistas invitados y propaganda disfrazada de entretenimiento. Merece respuestas concretas sobre los problemas que enfrenta cada día.

Más preocupante aún es que esta estrategia provenga de un actor político cuya gestión como regidor ha sido cuestionada por respaldar proyectos y obras que generaron malestar ciudadano, como los postes en medio de las pistas. Mientras la población reclama explicaciones sobre decisiones que afectaron el desarrollo urbano de la provincia, la campaña parece enfocarse en el espectáculo antes que en la rendición de cuentas.

La política no debería convertirse en una competencia de quién organiza la fiesta más grande o quién gasta más dinero en publicidad. Cuando un candidato apuesta por el entretenimiento como eje de campaña, deja abierta una pregunta legítima: ¿está buscando ganar votos con propuestas o intentando distraer a los ciudadanos de su verdadero balance de gestión?

Porque los jóvenes no necesitan más conciertos. Necesitan futuro. Y el futuro no se construye con escenarios y parlantes, sino con ideas, obras de calidad y resultados que puedan demostrarse.

El voto joven merece respeto, no entretenimiento como sustituto del debate. Una fiesta dura una noche; las malas decisiones municipales se pagan durante años.

Puedes seguir leyendo...